1 DE AGOSTO
Hoy empezó agosto. Me he levantado a las seis de la mañana, me he vestido, he preparado mi comida para el descanso y me he ido a la fábrica. Cuando llegué a la fábrica fui al despacho del jefe para pedirle poder salir mañana un ratito antes e ir a la fiesta del Templo. Me ha dado permiso, a cambio de que mañana llegara antes y no descansara para comer.
A continuación me fui a mi máquina, en la que tenía que hacer mangas largas de cuero, y así me he tirado ocho horas, que se me hicieron eternas, estaba muy cansada.
Después de comer, volví a mi puesto y tuve que seguir haciendo más mangas. A las diez de la noche salí de trabajar con los pies hinchados de tanto darle a la máquina. En cuanto llegué a casa me tendí en el colchón y me quedé durmiendo hasta las once, que llegó mi novio y me levantó; estuvimos hablando sobre la fiesta de mañana y le conté que el jefe me dejaba salir un rato antes. Me dio un pequeño regalo que para mí fue el más grande y más bonito: era un traje de peregrina. A las doce de la noche cuando se fue me puse el pijama y me acosté.
DÍA 2 DE AGOSTO
Me he levantado a las cinco de la mañana porque los nervios no me dejaban dormir. A las seis me he ido a trabajar. Cuando llegué, cogí y me fui directamente a mi puesto, del que no me he movido ni siquiera para comer.
Hoy el día se me pasó volando, pues me tocó ponerle cremalleras a los vaqueros. A las ocho de la tarde salí del trabajo y me fui directa hacía casa. En cuanto llegué, me vestí y esperé a que llegara mi novio. A las nueve llegó y nos fuimos los dos muy contentos hacia la fiesta del Templo. Por el camino, le conté que hoy el día se me había pasado rápido y él me dijo que era por las ganas que tenía de que llegara la noche. Tenía toda la razón, ya que estaba muy ilusionada desde la primera vez que me llevaron mis padres a ver el templo. Yo, desde pequeña, quería tener un traje de peregrina y al fin, después de tanto esperar, lo había conseguido.
El camino hacía el Templo se me hizo muy largo; al cabo de media hora, llegamos. Nada más llegar, entramos en el Templo. Al rato sonó la música y empezaron a salir los elefantes, los acrobatas, los músicos y los peregrinos bailando.
Se me pasó la noche volando, cuando miré el reloj de mi muñeca eran las cinco de la mañana, salí a correr como una loca. Nada más a llegar a casa me cambié de ropa, me hice el desayuno y me fui a trabajar.
Aunque estaba muy cansada trabajé hasta la noche; al principio me tuve que poner a coser las mangas de una chaqueta vaquera, que era lo peor, nadie lo quería nunca hacer. Cuando las terminé, miré hacia el lado, y ya me había traído mi compañera más ropa: esta vez eran rebecas. Cuando tenía más de la mitad me tuve que parar porque tenía las manos hinchadas de tanto moverlas y las piernas no las sentía. En ese instante llegó el capataz y me dijo que no podía parar, que si lo hacía tendría que quedarme más rato trabajando. Así que no tuve más remedio que seguir. De tan cansada que estaba las lágrimas se me caían. Llegué a mi casa, lo único que quería hacer era comer y acostarme, pero para mi desgracia no había nada de comer hecho, tuve que ponerme ha cocinar un arroz para cenar. Después de cenar me he acostado con la ropa puesta, estaba tan agotada que no me podía ni mover me dolía todo, fue uno de los días más cansado de mi vida.
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lunes, 9 de abril de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
RESUMEN DEL LIBRO DE LA VISITA DEL INSPECTOR (J.B. Priestley)
Va de una familia de dinero que está celebrando el compromiso de boda de su hija Sheila. En cuanto acaban de comer, el padre, el Señor Birling, le pide a su esposa y a su hija que los dejen a solas con su hijo Eric y con el prometido de Sheila. Empezaron a hablar de temas de hombres y en mitad de su conversación llaman a la puerta. Abre la puerta Edna la doncella, le comunica al Señor Birling que es un inspector llamado Goole y el Señor Birling lo hace pasar. El inspector Goole empezó hablándole al Señor Birling contándole que una chica se había suicidado. El inspector le enseña una foto a Birling y él la reconocio y le dijo que había sido su empleada en la empresa y que la despidió por pedir más salario.
A continuación habla con Sheila, a la que también le enseña la foto y la reconoció: ella confesó que por su culpa la echaron de una tienda de ropa.
Al rato habló con Gerald, el prometido de Sheila, que le confesó que el verano en el que no había ni llamado ni visitado a Sheila era porque se había enamorado de esa chica y la estuvo manteniendo hasta que la dejó. En el mismo instante en el que terminó de hablar con Gerald entró Eric y el inspector empezó a hablar con él. Eric le dijo que había estado con ella y que la había dejado embarazada, que le había estado robando a su padre dinero del despacho para dárselo a ella y ella le dijo que no quería dinero robado.
El inspector le pidió a la Señora Birling su colaboración, al principio ella no le quería decir nada pero calló como todos. Le contó que fue a la asociación para pedir ayuda porque no tenía trabajo, ni dinero y estaba embarazada, pero ella no la ayudó porque la muchacha dijo que era la Señora Birling.
En cuanto el inspector se fue, llegó Gerald, que había ido a dar un paseo. Le dijo a la familia que es inspector Google no existía, que le había preguntado a un amigo suyo.
En cuanto piensan que todo se ha acabado, se tomaron una copa, pero el teléfono les fastidió: era un inspector diciendo que una chica se había suicidado y que iba para su casa a hacerle unas preguntas.
jueves, 2 de febrero de 2012
La niña soldado
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Hola me llamo Carolina, tengo 15 años, nací en un pueblo de la selva colombiana . Mi padre murió hace 7 años en la guerra y mi madre, al no poder protegerme ,los soldados me llevaron a un campamento para niñas entre 7 y 18 años, donde nos enseñaron a coger armas y a matar a todo el que nos traía problemas.
Tengo miedo, ya he matado a tres soldados, porque el jefe me ha obligado, aunque poco a poco me estoy acostumbrando a esta vida en la que solo hay muertes y heridos graves. Aquí se pasa mucha hambre y nos hacen levantarnos muy temprano, nos hacen correr, nos hacen pelear entre nosotras misma y la que pierde puede llegar a morir. Si nos portamos mal o no hacemos lo que nos digan nos meten en una habitación oscura con muchos bichos, cada 10 minutos nos echan un cubo de agua fría para que no nos durmamos.
Aquí la vida es espantosa, me encantaría ser como una niña normal de mi edad que no sepa lo que es pasar hambre y sobretodo estar con mi familia sin guerra.
Tengo miedo, ya he matado a tres soldados, porque el jefe me ha obligado, aunque poco a poco me estoy acostumbrando a esta vida en la que solo hay muertes y heridos graves. Aquí se pasa mucha hambre y nos hacen levantarnos muy temprano, nos hacen correr, nos hacen pelear entre nosotras misma y la que pierde puede llegar a morir. Si nos portamos mal o no hacemos lo que nos digan nos meten en una habitación oscura con muchos bichos, cada 10 minutos nos echan un cubo de agua fría para que no nos durmamos.
Aquí la vida es espantosa, me encantaría ser como una niña normal de mi edad que no sepa lo que es pasar hambre y sobretodo estar con mi familia sin guerra.
Continuamos la historia
Era una noche fría de invierno, la luna estaba llena y el viento fuerte del Norte removía las hojas de los árboles de la calle y los toldos envejecidos de la antigua casa de relojes del maestro relojero Daniel Garrote. La luz parpadeante de una bombilla se reflejaba en el cristal de la peluquería y producía sombra y luces en el interior del local. A lo lejos se escuchaba un llanto ahogado y trágico de un hombre. En la puerta de la peluquería había cinco jóvenes borrachos y, cuando vieron las luces parpadeando, pensaron que en la peluquería había una fiesta y no los habían invitado.
A uno de ellos le pareció raro que hubiera una fiesta sin música, pero los otros no le echaron cuenta y decidieron entrar. Como las puertas estaban cerradas, rompieron la cerradura de la puerta principal. Cuando entraron, escucharon a un hombre llorar al final de la peluquería y, cuando iban a entrar a ver el hombre, uno de los jóvenes dijo que se iba. Los otros siguieron andando hasta que llegaron al final y vieron a un borracho con sangre a su alrededor. El hombre, sin poder hablar mucho por su borrachera, le dijo que se fueran, que había un diablo que los iba a matar como no se fueran. Pero los chicos, al creer que estaba demasiado borracho y no sabía lo que decía, pensaron cogerlo e irse de aquella peluquería, que daba muy mal rollo.
Cuando lo recogieron e iban a salir por la puerta, una de las tijeras que había en el mostrador se fue hacía el borracho, los jóvenes tiraron al hombre al suelo y salieron a correr. A la mañana siguiente, con un fuerte dolor de cabeza los jóvenes decidieron ir a la policía.
Al principio nadie los creía pero, como insistieron tanto, el guardia les dijo que lo llevaran a la peluquería esa. Ellos lo llevaron y la peluquería estaba abierta y muy bien arreglada ni la puerta estaba forzada ni estaba el charco de sangre que había al lado del hombre.
Los jóvenes se quedaron muy pillados y se fueron pero, antes de irse, hicieron una promesa que nunca más volverían a aquella calle.
A uno de ellos le pareció raro que hubiera una fiesta sin música, pero los otros no le echaron cuenta y decidieron entrar. Como las puertas estaban cerradas, rompieron la cerradura de la puerta principal. Cuando entraron, escucharon a un hombre llorar al final de la peluquería y, cuando iban a entrar a ver el hombre, uno de los jóvenes dijo que se iba. Los otros siguieron andando hasta que llegaron al final y vieron a un borracho con sangre a su alrededor. El hombre, sin poder hablar mucho por su borrachera, le dijo que se fueran, que había un diablo que los iba a matar como no se fueran. Pero los chicos, al creer que estaba demasiado borracho y no sabía lo que decía, pensaron cogerlo e irse de aquella peluquería, que daba muy mal rollo.
Cuando lo recogieron e iban a salir por la puerta, una de las tijeras que había en el mostrador se fue hacía el borracho, los jóvenes tiraron al hombre al suelo y salieron a correr. A la mañana siguiente, con un fuerte dolor de cabeza los jóvenes decidieron ir a la policía.
Al principio nadie los creía pero, como insistieron tanto, el guardia les dijo que lo llevaran a la peluquería esa. Ellos lo llevaron y la peluquería estaba abierta y muy bien arreglada ni la puerta estaba forzada ni estaba el charco de sangre que había al lado del hombre.
Los jóvenes se quedaron muy pillados y se fueron pero, antes de irse, hicieron una promesa que nunca más volverían a aquella calle.
Un lugar para perderse
El lugar que más me gustaba de pequeña era la casa de campo de mis abuelos. Me tiré allí toda mi infancia corriendo de arriba a abajo con mi hermana y mis primos. Aquel lugar me trae muy buenos recuerdos porque allí me dieron la noticia mis padres de que iba a tener una hermanita. Lo recuerdo todo perfectamente: la casa de madera, las vallas de la piscina, la piscina con el escudo del Betis en el suelo, de las sillas de madera, de las habitaciones solo con literas, etc. Estoy deseando volver a ir, porque hace tanto tiempo que no voy, siempre que iba antes, nada más llegar, me sentaba en el suelo y me ponía a mirar hacia el frente: aquella imagen maravillosa me inspiraba seguridad, alegría, dulzura, emoción; me encantaba mirar hacia las montañas y ver todo el paisaje verde, que no se podía ver en otro lugar que en las montañas.
Un día de colegio
Ayer por la mañana estábamos en la clase de Edu, y yo no había hecho los deberes, pensé en pedirlos, pero el profesor es muy buen maestro y seguro que se da cuenta.
-Macarena, ¿Has hecho los deberes?- Me pregunto el profesor con "tonito aquí te pille".
-No los he hecho, Edu. - Dije con un tono muy bajito y con la cabeza hacía abajo.
Me tiée toda la hora mirando las musarañas y pensando en la clase de Nati, a la que sí le había hecho los deberes.
-¿Quién ha hecho los deberes? - preguntó Nati.
-Yo, yo, yo, yo... - dijimos toda la clase.
-Qué raro, haber enseñármelos – dijo Nati sin creerlo. - Me alegro de que por primera vez hayáis traído los deberes toda la clase. - dijo con mucha alegría.
Y ahora clase de Inglés, me ralla demasiado la cabeza, pero mientras me siga aprobando la aguanto, ahí llega la profe, como siempre regañando.
-Rocío, Yoana, silencio; Sara, tira el chicle y que sea la última vez que diga silencio y que no comaís chicle en mi clase, leche, siempre tengo que venir e irme enfadada, vaya clase. - dijo con muy mal humor.
-Ofu..., maestra, ya vienes riñendo. - dije vacilando.
-Venga, sacar los libros y silencio, que sea la última vez que lo digo, que me vais a dejar afónica de tanto mandaros a callar. - gritó.
Me tiré toda la clase mirando el reloj deseando que tocara el timbre para irme a mi casa, la hora se me paso larguísima pero paso y al fin toco el timbre y me fui a mi casa con un dolor de cabeza.
-Macarena, ¿Has hecho los deberes?- Me pregunto el profesor con "tonito aquí te pille".
-No los he hecho, Edu. - Dije con un tono muy bajito y con la cabeza hacía abajo.
Me tiée toda la hora mirando las musarañas y pensando en la clase de Nati, a la que sí le había hecho los deberes.
-¿Quién ha hecho los deberes? - preguntó Nati.
-Yo, yo, yo, yo... - dijimos toda la clase.
-Qué raro, haber enseñármelos – dijo Nati sin creerlo. - Me alegro de que por primera vez hayáis traído los deberes toda la clase. - dijo con mucha alegría.
Y ahora clase de Inglés, me ralla demasiado la cabeza, pero mientras me siga aprobando la aguanto, ahí llega la profe, como siempre regañando.
-Rocío, Yoana, silencio; Sara, tira el chicle y que sea la última vez que diga silencio y que no comaís chicle en mi clase, leche, siempre tengo que venir e irme enfadada, vaya clase. - dijo con muy mal humor.
-Ofu..., maestra, ya vienes riñendo. - dije vacilando.
-Venga, sacar los libros y silencio, que sea la última vez que lo digo, que me vais a dejar afónica de tanto mandaros a callar. - gritó.
Me tiré toda la clase mirando el reloj deseando que tocara el timbre para irme a mi casa, la hora se me paso larguísima pero paso y al fin toco el timbre y me fui a mi casa con un dolor de cabeza.
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